Entraste con tu sublime abrigo de higos

y tu capa de acaramelados hilos de cucurbita

ofreciéndome de beber tus mieles

Reímos mucho,

y emborrachados inventamos lenguas, signos y runrunes

en excepcional regocijo

Y te aferraste a mis hombros y tobillos

para que la corriente no te arrastrase

Querías recalar con auditorio

y me invitaste a danzar a las multitudes

para que embelesáramos a la concurrencia

Al fondear en mi morada

entremetiste tu labia en colosales ollas humeantes

de pócimas, pucheros y jaleas

Rodamos en ajetreos espasmódicos

mientras se agriaban las confituras

Tu manto fue derritiéndose con el correr de las estaciones

arrastrando tu hilachosa capa

que hoy es sólo un charco corroido

al que de tanto en tanto relojeo

aguardando su evaporación

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