Al atardecer

no siempre

todavía te apareces

 

Trepas hasta mi cuello

te anillas y te desperezas con crueldad

juegas a sofocarme hasta el límite

 

Me traes provocadora su callado dolor

Imponiéndomelo

 

Como verdugo pervertido

no quieres entender

que su dolor no me pertenece

Que necesita sosiego

y yo preciso olvidar

 

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